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Cuentos de terror

La casa de los gritos

La casa de los gritos

         En el pueblo de Hanglenton se contaba la historia de aquella casa al final del camino. Se decía que por las noches, se oían terribles gritos de dolor y agonía, gritos que erizaban hasta el último pelo de la nuca. Los ancianos contaban a la gente del pueblo sus memorias de jóvenes, y la más predilecta y terrorífica de los pueblerinos era La Casa de los Gritos.

         Una noche, el viejo Rubeus contó a Tom y a los demás niños la esperada historia:

         “Cuando tenía cinco años una empresa de construcciones llegó al pueblo y comenzó a construir una gran mansión, la cual se terminó al llegar el invierno. Nadie creyó que alguien del pueblo hubiera solicitado una estancia tan grande, ya que los habitantes no tenían tanto dinero.– dijo el viejo Rubeus con voz de misterio – pero al comienzo del mes de octubre un anciano de aspecto serio y culto se mudó a la gran mansión, se dice que con él, sólo trajo una baúl de madera de tamaño mediano y cerrado con varios candados. El anciano, era llamado Sr. Dippet, el cual nunca se lo vio tratar con gente o salir de su majestuosa casa.

          Dos meses más tarde la policía hizo un allanamiento en el que encontraron su cadáver sin ningún daño y el famoso baúl con tres candados puestos y uno suelto en el piso. Claramente, el motivo del allanamiento fueron los gritos espeluznantes producidos la noche anterior. Desde ese momento todas las noches se oyen gritos aterradores y claras sombras moviéndose cerca de las ventanas. “

-         ¿Alguna vez usted o sus amigos entraron en la mansión?

-         No, y ustedes tampoco lo harán. Es hora de que vayan a dormir. – dijo el anciano en tono cortante.

          Esa noche todos los niños regresaron a sus hogares, menos Tom, al que lo carcomía la curiosidad. Se dirigió a la majestuosa mansión, con pánico y emoción. La calle llegó a su fin y frente a él yacía la vieja mansión, nunca la había visto de cerca, y menos sus rejas entreabiertas. Pasó el oscuro umbral y se dirigió al piso superior. La casa tenía sus paredes rasgadas y las puertas destrozadas, parecía como si alguien hubiera intentado escapar de algo o alguien.

         En el rellano del segundo piso había solo una puerta, la cual llamó su atención ya que estaba impecable. Entró y vio el baúl ... pero no estaba solo, además de los tres candados tirados en el suelo, se encontraba algo que no tenía nombre ni aspecto. De lo único que Tom tuvo constancia es de que la criatura dio la vuelta y lanzó un rayo de luz verde...

 

                                Eric – Martina   6º B

Un martes trece

Un martes trece

   En la primera noche martes trece del verano, todos los chicos de la quinta de mi tío, estaban contando historias de terror. Yo no creía, pero siempre estaba alerta.

   El cuento que contó Eduardo era el peor, no asustaba y lo relató muy mal. Parecía muy asustado, pero nadie le creía. Contaba que vio, en una noche oscura y silenciosa, a alguien pequeño y con una vestimenta rara. Al parecer con lo decía era una especie de gnomo o duende.

   La misma noche, antes de dormir, “Edu” seguía pensando en lo que le pasó, y para consolarlo me quedé con él, hasta que se calmó.

Cinco minutos después ambos nos dormimos.

   A las tres en punto de la madrugada me levanté para ir al baño. Miré por el espejo, y detrás de la bañadera, observé una pequeña criatura. Me acerqué por curiosidad; un sudor frío resbalaba por mi mano, ya empezaba a creer en la historia de “Edu”. De repente la criatura saltó a mi cara; me mordió y por ese motivo empecé a sangrar. Me resbalé con agua que cayó de la pileta cuando me lavé las manos y me rompí la cabeza con un golpe seco. Nadie me vio hasta las once del mediodía. Todos estaban tristes, pero yo no; porque al final al duende lo maté. Nunca más voy a dudar de ninguna historia, por más falsa que parezca.   

 

                        Pablo – Agustina – Micaela     6º B